Se me ocurre pensar,
aunque sé que nunca lo dirás,
que habrán noches tuyas desoladas
en las que un embrujo inesperado
te traerá el espectro de mi huella.

Noche de soledad y esa huella
que refluirá con vértigo en tu mente,
al recordar el desorden loco de mi boca
con sus mordiscos suaves dondequiera,
y soltando besos impensados
como capricho vagabundo de mis labios,
y a mis manos navegando por tu cuerpo
y peinando con sus palmas tus cabellos.

Sé muy bien, aunque creas que yo no lo pienso
(¿nuevos amores borran anteriores?...),
que en noches tales te asaltará esa huella;
y, sin tú quererlo,
sentirás también mis perturbados dedos
estrujando la piel de tu cintura,
cuando embriagado con el aroma de tu cuerpo
- y las veces junto a efluvios de licores -
te entregaba mis flores del deseo.

Y si acaso estoy equivocado...
¿Cómo es eso que me han dicho
que tú tienes poemas míos
que guardas con mucho celo?

Autor : O. Rubio